2006 08 Brasil

Continuamos el viaje saltando de Manaos a Belem, capital de la desembocadura del Amazonas. Allí navegamos a la Isla de Marajó en medio de la desembocadura y con una superficie similar a Extremadura. Fue un sitio de relax con inmensos manglares y una vida rústica.

De Marajó saltamos a Fortaleza, gran ciudad que apenas visitamos pues nuestro objetivo era subir hacia el noroeste, en un buggie que alquilamos, hacia el pueblo de Jericoacoara distante unos 300 Km. Emocionante viaje a través de playas paradisíacas, dunas y lagunas que nos parecieron impresionantes. Tuvimos que cruzar numerosos ríos sobre rústicas balsas movidas a mano por sus barqueros, nos sentíamos en el fin del mundo. El buggie con continuas averías nos complicó parcialmente el viaje, al final en Jericoacoara se averió definitivamente, aunque hay que reconocer que mientras funcionaba era una locura andar dando saltos por las dunas y las playas. Desde Jericoacoara volvimos remolcados ¡los 300 Km! por carretera, en fin sobre eso no comentaré mucho más. En Fortaleza alquilamos otro buggie para bajar de la misma forma hasta la playa de Canoa Quebrada unos 170 Km al sureste. Comparativamente no es un itinerario tan 'rompedor' como el anterior pero sigue siendo impresionante. Obviamente esto nos llevó varios días en los que dormimos en bonitas y limpias pousadas, también es importante contar con un guía, pues hay muchos caminos y trucos que hacen complicado el trayecto. Nosotros contamos con Everardo como guía y resultó excelente como persona y como guía. En definitiva un recuerdo imborrable de esta zona de Brasil.

Desde Fortaleza bajamos hacia Natal, donde apenas pasamos una noche para volar a Fernando de Noronha. Bajamos en autobús y con estupor descubrimos que la temperatura en el interior era inferior a 10ºC la gente iba con sacos de dormir gorros y guantes. Pedí múltiples veces que pusieran una temperatura más racional, pero fue imposible. Conclusión: algún subnormal entiende que congelar a los viajeros mola, y además cogí una otitis que me impidió bucear los días de la isla, ¡menuda faena! En cuanto a la isla es una preciosidad. de origen volcánico tiene unas bellas formaciones basálticas, hermosas playas y aguas muy limpias al estar alejada de las grandes fuentes de contaminación. Nos alquilamos una moto que nos permitía recorrer todos los rincones. Las puestas de sol extraordinarias.

Las siguientes etapas más clásicas Salvador de Bahía con su centro histórico el barrio del Pelourinho y donde coincidimos con el desfile de varias escuelas, suponemos, de Samba y sus playas integradas en la Ciudad. Rio con sus hermosas playas de Copacabana e Ipanema y su 'Pan de azúcar' monolito granítico que le pone los dientes largos a cualquier escalador y su cerro Corcovado con el Cristo Redentor considerado una de las 7 maravillas modernas, aunque creo que fue elegida más por la gran cantidad de votantes brasileños que por méritos propios. No obstante el sitio es espectacular. Además coincidimos con un enorme concierto de música clásica en Copacabana. Creo que hablaban de 600 músicos y cientos de miles de asistentes, vaya espectáculo. En Brasil todo a lo grande Risa2p.

Finalizamos el viaje con una visita a Isla grande y su 'Laguna Azul' al suroeste de Río. Un viaje por carretera más largo de lo esperado y unas islas bonitas y agradables. No estamos muy seguros de que mereciera la pena.