2006 07 Brasil

Este año nos escapamos a Brasil. Hacemos un largo bucle recorriendo algunos de los sitios emblemáticos de este país. Llegamos a Rio donde apenas pasamos un par de días organizándolo todo, pues apenas teníamos nada preparado desde casa. A prepararlo todo nos ayudó Regina, la empleada de la agencia, al final acabamos cenando con su marido en un restaurante de Ipanema. El primer salto fue hacia el Pantanal Sur. Para nosotros uno de los lugares más impresionantes del viaje con una variedad de cosas que ver y de vida salvaje que nos dejó muy sorprendidos. Usamos como base el pueblo de 'Bonito' e hicimos gran variedad de recorridos.

Desde el Pantanal saltamos a Brasilia y descubrimos una fantástica ciudad diseñada por el urbanista Lúcio Costa y el arquitecto Óscar Niemeyer. Se trataba de construir desde cero la capital administrativa del país y con la utopía de que fuera la ciudad perfecta, sin semáforos, ni atascos, ni los problemas de las modernas ciudades. Incluso hicieron un enorme lago artificial (lago Paranoá) con la intención de disponer de reservas de agua, dulcificar el clima y como área recreativa. La previsión era albergar 500.000 habitantes y los más de 4.000.000 de habitantes que tiene ahora el área metropolitana la han convertido en una ciudad con los mismos problemas de todas las grandes ciudades. En cualquier caso la zona original de la ciudad es impresionante por su urbanismo y arquitectura. Además contamos con la compañía de Fabiola, que había estado como becaria en la Universidad en Madrid, y su marido Antonio, que nos acogieron en su casa y nos mostraron las maravillas de este lugar.

De Brasilia saltamos a Manaos donde entras al corazón de la Amazonía. Manaos es un ciudad que se convirtió en una de las más ricas del mundo como capital del caucho en la era del nacimiento del automóvil. Cuando el caucho se extendió a otros países su economía se hundió. Hoy es una próspera ciudad industrial, declarada como zona franca, en pleno centro de la Amazonia. Nos llamó especialmente la atención el barrio del puerto, el puerto flotante, que debe afrontar subidas y bajadas de nivel del río de 15 metros a lo largo del año, su vida bulliciosa, la cantidad de barcos y sus estibadores que cargan la mercancía a hombros y las pescaderías con esos enormes y, para nosotros, extraños peces. Nos escapamos dos o tres días hacia un eco-lodge en la Selva, en las orillas del Río Negro. Nos sorprendió lo silenciosa que es esta selva en comparación con otras como la de Costa Rica y la poca vida que nos encontramos. Supongo que es la influencia de la cercana ciudad con una población de casi 2.000.000 de habitantes.

De aquí continuamos hacia la desembocadura, pero eso se relata en la siguiente entrada de Brasil.